domingo, 10 de enero de 2010

Danger Mouse & Sparklehorse - Dark Night of the Soul (2009)

Danger Mouse & Sparklehorse - Dark Night of the SoulBien, podríamos estar ante el disco polémico del año, aunque no precisamente por lo que contiene…sino por lo que no va a contener. Dark Night of the Soul es un proyecto multimedia diseñado a partes iguales por el ubicuo Danger Mouse, Mark Linkous (Sparklehorse) y el cineasta David Lynch; este aporta un libro de fotografías para ilustrar las 13 composiciones que Mouse y Linkous prepararon en compañía de una lista de colaboradores de escándalo como Frank Black, Iggy Pop, los Flaming Lips o Vic Chesnutt…hasta que la compañía EMI decidió que no podía editarse.

Lynch se quedó solo en su defensa del proyecto ante los abogados de manera que, finalmente, Dark Night of the Soul se publicará reducido al formato de libro de fotografías sin música. El toque de humor lo aporta Danger Mouse: el libro saldrá al mercado con un CD-R de regalo que Mouse invita a usar “para lo que quieras”, sugiriendo que, ya que no podrás hacerte con
una copia legal de su música, te la descargues aprovechando que se ha liberado (¿inocentemente?) por Internet.

Líos legales aparte, sólo podemos lamentar que Dark Night of the Soul se haya quedado en proyecto truncado; las 13 piezas musicales grabadas por Mouse y Linkous son una de las colecciones más perfectas de rock alternativo en todas sus encarnaciones que hayas podido echarte a la cara, y esto te lo decimos gratis… El lado melancólico de los Flaming Lips en Revenge, la psicodelia más dulzona y beatle de que es capaz Gruff Rhys en Just War o la inesperada resurrección del Stroke Julian Casablancas en Little Girl son sólo tres de las muchas razones para acordarse de la madre de EMI en esta operación.

En Dark Night of the Soul, Black Francis se desmelena (es un decir) en Angel’s Harp, Iggy Pop vuelve a rugir en Pain y James Mercer (The Shins) pone los pelos de punta en la tensa y agridulce Insane Lullaby. El propio David Lynch firma dos surrealistas piezas (Star Eyes y Dark Night of the Soul) en un asombroso mano a mano con Mouse y Linkous, y hasta Suzanne Vega vuelve a la vida en la rugosa The Man Who played God. También Mark Linkous se suma a la lista en un flirt de country folk con Nina Persson (The Cardigans), justo a tiempo de que Vic Chesnutt se desparrame por los suelos en la psicodélica y fúnebre Grim Augury. Jason Lytle, por fin, rubrica dos plácidas baladas en Everytime I’m with You y Jaykub. En todas ellas, la mano mágica de Danger Mouse, produciendo cada corte al detalle y aportando la calidez de bases y arreglos que elevan cada canción a la máxima potencia.

Sería uno de los discos del año, de no ser por el pequeño detalle de que no va a editarse. Y hablando de todo un poco…¿te imaginas qué hacer con el CD-R de regalo?

sábado, 9 de enero de 2010

The Pains of Being Pure at Heart - The Pains of Being Pure at Heart (2009)

The Pains of Being Pure at Heart - The Pains of Being Pure at HeartThe Pains Of Being Pure At Heart, un joven cuarteto neoyorquino compuesto por tres chicos y una chica amantes del pop ruidoso de The Pastels, Ramones, Vaselines, Nirvana o Teenage Fanclub, es un nombre muy largo pero muy aclaratorio respecto al espíritu de la banda: emociones vividas con la intensidad de la que solo es capaz un adolescente. Y ‘Everything With You’, el single que adelantó este álbum de debut, es la expresión más perfecta de su sonido. Manojos nerviosos de guitarras distorsionadas galopando sobre agitadas bases rítmicas y unas voces chico/chica que destilan puro pop.

En este primer largo confirman, sí, todo lo bueno que auguraba aquella canción sobre ellos. ‘The Pains Of Being Pure At Heart’ es un tratado de cómo encauzar toda la rabia, la angustia, las dudas, la felicidad desbordante, el nihilismo y la pasión de la adolescencia desde la post-adolescencia. Como en su día lo fue el ‘Super 8′ de Los Planetas, por ejemplo. Todas las referencias mencionadas para hablar del grupo están presentes (sumemos a las indicadas a The Wedding Present, My Teenage Stride o Ride), pero su falta de originalidad no resta un ápice de poder a la energía que desprenden trallazos como ‘Come Saturday’, ‘Young Adult Friction’, ‘This Love Is Fucking Right’ o ‘A Teenager In Love’ (”in love with Christ and heroin”, por cierto).

Este disco es un clásico instantáneo. No es un clásico porque invente nada o porque abra nuevos caminos, sino que será ese tipo de clásicos a los que siempre podremos recurrir para salvar un día feo y hacernos hervir la sangre, retrotrayéndonos a aquella colisión de sentimientos a flor de piel. Nunca querrías volver a tener quince años y la cara llena de granos pero qué divertido es echar un vistazo a unas cuantas viejas fotos.

jueves, 7 de enero de 2010

The XX - XX (2009)

The XX - XX
Es curiosa la unanimidad con la que se ha recibido de forma positiva el primer trabajo de The XX, una banda de chavalines del sur de Londres. Resulta imposible no ser seducido por la atmósfera íntima que han conseguido los ingleses a base de eliminar lo superfluo. Es difícil resistirse al encanto de las bonitas melodías y del sonido comedido de unos temas taciturnos y melancólicos, tristones y adictivos. El disco está resuelto de manera minimalista y discreta, pero consiguiendo que las canciones sean de una exquisitez abrumadora y lo suficientemente variadas como para mantener el nivel y descubrir nuevos detalles en sucesivas escuchas. Increíble cómo con tan poco, consiguen tantas sensaciones.

Escuchas un tema como “Islands” y te quedas fascinado por la simplicidad del ritmo y por la guitarra marcando una melodía tan simple como efectiva. El esqueleto de una canción de pop perfecta. ¿O acaso hacen falta más arreglos? Te dejas llevar por el inicio minimal de “Heart Skipped A Beat” o la tensión que respira “Basic Space” y te das cuenta de que las voces de Romy Madley Croft y Oliver Sim son una combinación chico/chica poco convencional. Si bajas el volumen, Romy y Oliver te susurran. Si lo subes, los bajos te dominan.

Un disco, en resumen, en el que la banda londinense ha tomado sus influencias (desde las bases rítmicas del dubstep y el r’n’b a la elegancia de Chris Isaak, pasando por algunos sonidos de Young Marble Giants o incluso The Whitest Boy Alive), se ha librado de las partes que no les interesaban y las ha reducido a la mínima expresión, haciendo un auténtico ejercicio de creatividad. Y además, consiguiendo un disco de una frescura envidiable y sorprendentemente compacto.

Imposible vaticinar, ¡ni falta que hace!, si el disco seguirá ahí dentro de diez años, pero a su favor tienen que se trata de un debut ciertamente impactante y de lo más original que ha salido últimamente de las islas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Black Mountain - In The Future (2008)

Black Mountain - In The Future
Aunque pueda resultar paradójico, uno de los discos más sólidos de 2008 parece recién salido de los 70. Lo que tras una precipitada toma de contacto pudiera pasar por otro de esos empachos psicodélicos que no convencen ni al nostálgico ni, por supuesto, al moderno, acaba por convertirse en un disco con mucha miga.
In The Future toma como punto de partida el no siempre bien considerado prog-rock pero no redunda en el revisionismo mimético ni cae en el vacuo onanismo sinfónico, más bien busca abrir nuevas vías de experimentación a la vez que reivindica el rock con respaldo histórico en los tiempos del todo vale. En ese sentido, la portada del disco resulta enormemente elocuente; en primer plano vemos un mosaico de colores cálidos que nos trae a la memoria los desvaríos progresivos de King Crimson o Yes y, de fondo, un desolado paisaje marciano que recuerda de inmediato al de Houses Of The Holy (73) de Led Zeppelín. Y un poco (un mucho) de eso encontramos aquí; tanto teclados expansivos como riffs monolíticos. Quien quiera un ejemplo clarificador que bucee en los 17 minutos de “Bright Lights”.

El gran acierto de los canadienses Black Mountain reside en hacer uso de la variedad coherente, combinando potentes e incontestables temas de rock and roll pétreo como “Stormy High” o “Tyrants” con las brumas psicodélicas de “Angels”, una “Wild Wind” que suena al Bowie de Hunky Dory (71) y la incursión de bálsamos folk como “Stay Free”, sin duda uno de los mejores temas del disco.

Para finalizar un consejo, el que tenga tocadiscos que compre la fabulosa edición en vinilo. Es como pagar el pasaje de la máquina del tiempo por el precio de un par de copas.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Primus – Tales from the Punchbowl (1995)

Primus – Tales from the PunchbowlEste es el disco posterior al grandioso “Pork Soda”, el cual les hizo ser mas o menos famosillos en el mundo freaky de la epoca gracias a canciones tan delirantes como “Mr. Krinkle” o “Hamburguer Train” (solo apta para mentes tortuosas) y siendo objetivos, no llega al nivel de su predecesor pero se le acerca bastante… Sigue la obsesión por la comida en este disco (”Glass sandwich”, “Professor nutbutter”…) pero parecen haber querido hacer un sonido algo mas accesible (solo algo más) que en otros trabajos anteriores.

El disco empieza fuerte con “Professor nutbutter house of threats”, una canción de casi 7 minutos con un ritmo trepidante y con la ametralladora al bajo que es el gran Les Claypool (el cerebro de este hombre daría para arduos estudios antropológicos porque es imposible que a alguien se le pueda ir tanto la castaña), todo aderezado por los signos marca de la casa del grupo.

“Mrs Baileen” es la siguiente canción, algo mas reposada pero en la que se pone de manifiesto la grandeza musical del trio y el dominio de sus instrumentos. “Winona’s big brown beaver” es el single del disco, es una canción bastante accesible y divertida y juega con el doble sentido de la palabra “beaver” (felpudo en el sentido mas coloquial), algo asi como el “chou-chou” de los Mojinos… El mago Claypool sigue dando lecciones de como tocar el instrumento de las 4 cuerdas, haciendo escalas elásticas hasta límites insospechados. “Southbound pachiderm” esta en la onda de la primera canción (también se va hasta casi los 7 minutos) pero sin el ritmo trepidante de ésta y después del paranoico interludio de “Space farm” (marca de la casa) llegamos a “Year of the parrot”: una canción que va de menos a más hasta llegar a la explosión final de bajo y bateria, en la cual se ve claramente que el grado de locura y delirio del grupo no es el mismo que en anteriores discos (lo que dije antes sobre que habían hecho un disco un poco más accesible), lo cual para los fans no-acérrimos del grupo es de agradecer.

La siguiente cancion “Hellbound 112/7″ contradice del todo mis anteriores lineas, puesto que es una cancion inclasificable, en la cual predomina una guitarra esquizoide y un machacón ritmo de bajo. “Glass sandwich” no aporta nada nuevo al disco (sin ser una cancion mala) y “Del Davis tree farm” nos hace llegar a la conclusión de que Primus están concebidos por y para el lucimiento de su líder Les Claypool, puesto que el bajo es el principal sustento de dicha canción. “De anza jig” nos recuerda a los tiempos en que nos sentábamos en la tele a las 2 de la mañana para ver South Park, puesto que es una canción que podria colocarse como BSO de la serie sin ningun problema: letra delirante y banjo torpón (no olvidemos que la canción de cabecera de la serie es de Primus) con el que evocamos a Cartman, Kenny y cía… Le sigue “On the tweek again”, canción que ha de ser escuchada más de una vez para poder ser apreciada en toda su intensidad, es parecida a “Year of the parrot”, va “in crescendo” hasta el explosivo final y una vez más queda la sensación de que el bajista es de otro planeta.

Una elástica (a la par que paranoica) linea de bajo abre el siguiente tema: “Over the electric gravepine”, otra canción inclasificable con un ritmo y una melodía indescriptible pero que suena hasta alegre y todo, en su debe se ha de resaltar que se hace un pelín pesada al final con tanta exhibicion de batería e instrumentación pero asi es Primus, o los tomas o los dejas. Otra paranoia instrumental (”Captain shinner”) cierra el disco.

Conclusiones: Primus han querido hacer su sonido un poco mas accesible, las canciones no dan tantos devaneos como en el “Pork Soda”, aun así no dejan la esquizofrenia completamente a un lado (cosa que yo agradezco), Les Claypool sigue en plena forma aunque el disco refleja cierta falta de frescura, ya no cuenta con el factor sorpresa del “Pork Soda” y deja la sensación de “esto ya lo he escuchado antes”, está un pelín menos inspirado pero de todas maneras es un disco plenamente recomendable para que los no iniciados en el grupo se adentren dentro del “universo Primus”.

viernes, 11 de diciembre de 2009

The Afghan Whigs - Gentlemen (1993)

The Afghan Whigs - Gentlemen
“Gentlemen” fué el tercer disco de The Afghan Whigs, el primero para una multinacional, el más vendido, y curiosamente el mejor de todos. La pasión de Greg Dulli por el soul, el sonido grunge de Sub Pop, y las consecuencias de la ruptura de su larga relación amorosa, le motivaron para inundar de emociones sus “expresivas” letras.

Lonely?
Maybe
Or maybe not
It all depends
Your ideal, your image
Your definition of a friend
If what you’re shoveling is company
Then I’d rather be alone
Resentment always goes much further
than it was supposed to go

El disco es demoledor de principio a fin. Empezar con una canción tan bella como “If I were going”, danzar sin aliento con “Gentlemen” o “Debonair”, codearte con esa pócima mágica de piano y guitarras que es “Fountain and Fairfax”, estremecerte con una de las mejores canciones de la década como “My Curse” y terminar con ese extenso, pero hermoso instrumental titulado “Brother Woodrow”. Toda esta amalgama supone para el oyente una experiencia sonora inolvidable, agradeciendo de todo corazón el magnífico trabajo del resto de componentes, que consiguen establecer todo el climax del disco. Mención especial para el batería Steve Earle, y su capacidad demoledora para hacerte bailar.

Un grupo “necesario” para concebir un disco “necesario”…

Gracias “malditos”.

domingo, 29 de noviembre de 2009

The Antlers - Hospice (2009)

The Antlers - Hospice
“Estás gritando, maldiciendo, enfadada, haciéndome daño, y luego sonriendo, y llorando, pidiéndome perdón”
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El horror que supone sufrir un cáncer para el enfermo y sus seres queridos es retratado hasta el más mínimo detalle en ‘Hospice’, el primer disco de The Antlers, una banda de Brooklyn que autoeditó este álbum en marzo.

Peter Silberman rompió con su novia, se mudó de Manhattan a Brooklyn para evitarla y estuvo un año y medio deprimido sin salir de casa. Durante este tiempo se dedicó a grabar, allí mismo, un disco inspirado en un chico (él mismo, claro) que ve morir a una niña de cáncer de huesos en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. Las referencias a la enfermedad en las letras, son explícitas, desde los tubos insertados en los brazos a “lo asonante de los indicadores de morfina”, pasando por una repetida mención al fémur y rozando a menudo lo macabro: “Sylvia, saca tu cabeza del horno. Vuelve otra vez a gritarme y a maldecir todo. Recuérdame otra vez cómo todo el mundo te traicionó”, lo que es además un homenaje a Sylvia Plath, la poetisa, novelista y autora de libros infantiles que se suicidó metiendo su cabeza en un horno, y cuyas ilustraciones ocupan la portada de la web del grupo.

Lo devastador de todas estas letras, que culminan en la descripción del momento de la muerte en ‘Shiva’, recordarán a muchos a los Arcade Fire que escribieron ‘Funeral’ después de sufrir varias pérdidas en su entorno. En una entrevista reciente Peter decía que le preocupaba que el disco sonara demasiado depresivo. “Es fácil hacer algo verdaderamente deprimente, pero me gustan las historias en que las cosas tocan fondo y de ahí, para arriba”.

Es quizá en esos momentos de subidón donde el grupo recuerda a Arcade Fire: en los intensísimos vientos “pelos-de-punta” de ‘Sylvia’ y en el final de ‘Wake’. Pero en general, The Antlers prefieren la contención o, como mínimo, manejan mejor el juego entre ambos extremos, el ruidista y el delicado (’Atrophy’), dejando en el camino momentos concretos, instrumentos y detalles que son verdaderas joyas a descubrir escuchando al grupo con cascos, de madrugada.

Uno de los grandes aciertos de ‘Hospice’ es su comienzo, el precioso prólogo instrumental que, recordando a los Godspeed You! Black Emperor, nos pone inmediatamente en situación del jodido dramón que nos espera, seguido además de la susurrada ‘Kettering’. Y ambas horrorizan lo mismo desde su inspiración “ambient” que la intensidad post-rockera de otros momentos del disco (como el centro de la misma ‘Kettering’). Porque precisamente ‘Hospice’ destaca por lo bien integrados que aparecen los distintos recursos sonoros: ‘Shiva’ parece una canción de cuna, el principio de ‘Wake’ salido de una película de los años 40 y ‘Thirteen’ podría estar cantada por la Feist más celestial.

Es probablemente esa versatilidad lo que termina de hacer este disco grande. Cada cual encontrará su favorita particular en las diez canciones aquí contenidas. Tras una escucha atenta a muchos sorprenderá que no seleccionemos ‘Sylvia’ como mejor canción del disco, y a lo largo de todas estas parrafadas, aún no hemos tenido tiempo de hablar del single ‘Bear’, que casi funciona como simple himno indie-rock, o ‘Two’, ese vómito de letra que tan bien resume la filosofía Antler.

Como el gran ‘Picaresque’ de Decemberists, ‘Hospice’ se cierra con una sencilla canción acústica. Aunque al cierre de ‘Epilogue’ irrumpirá una guitarra eléctrica adulterada que… ¿qué nos querrá decir? ¿Que nos queda la esperanza de que nuestro ser querido vaya a un lugar mejor? ¿Que podemos volver momentáneamente a la infancia cuando queramos? O lo peor: ¿nada?