jueves, 7 de mayo de 2009

The Whitest Boy Alive - Rules (2009)

The Whitest Boy Alive - Rules

A los discos de Erlend Øye les pedimos que sean deliciosamente adictivos, porque eso, el noruego, lo borda. No hay que pedirle que sea incisivo ni excesivamente original, ese no es Erlend. En esta ocasión y mientras esperamos con impaciencia lo nuevo de Kings of Convenience, regresa estrenando disco del que en teoría es su proyecto paralelo: The Whitest Boy Alive. Proyecto en el que vierte su pasión por la música electrónica, por el funk y por las guitarras más bailables.

Hasta una playa en México se ha ido el cuarteto de Bergen (sí, es un cuarteto) para grabar Rules, un disco en la misma línea que su anterior Dreams de pop elegante con bases electrónicas, con matices más sutiles y algunos temas muy potentes. Y es que Erlend y los suyos han querido sacar este disco del equipo de música de casa para meterlo en la pista de baile: han subido el pitch de las canciones y les han dado más fuerza, y claro, les ha quedado un disco plagado de temas perfectos para gastar suela, véase “Timebomb”, “Dead end” o “High on the heels”, por no hablar de “Island”, el magistral cierre (si no contamos la hidden track).

No faltan los sonidos funk con esas líneas de bajo marca de la casa (“1517” o “Promise less or do more”. ¿Quién dijo fiesta?) ni los momentos más reposados e intimistas (“Intentions” o “Gravity”), perfectamente situados dentro de un tracklist mucho más equilibrado que en el disco anterior. De forma sutil han incluido algunas maneras de la bossanova (“Rollercoaster ride”), mientras que en “Dead End”, Erlend muestra sus flirteos con el indie más de guitarras.

Me he dejado a propósito “Courage”, un temazo que merece un párrafo para él sólo: pegadiza, eléctrica y con una fuerza incluso impropia de los discos con el sello Erlend Øye, que le vale una prematura, aunque merecida, primera posición en la lista provisional de canciones del año. De momento The Whitest Boy Alive nos trae un disco de esos que, sólo imaginarlo en directo, ya produce escalofríos de absoluta felicidad. Aunque sí, por supuesto, no va a cambiar el curso de la historia de la música.

martes, 5 de mayo de 2009

The Knife - Silent Shout (2006)

The Knife - Silent ShoutLos hermanos suecos (chico y chica) siguen los pasos de los primeros Daft Punk y rara vez aparecen en público, tocan en directo… o acuden a recoger sus premios. En 2003 por ejemplo, en lugar de acudir a los Grammis (Grammys suecos) para recibir el galardón de mejor grupo, enviaron a unos amigos vestidos de gorilas como protesta por “la marginación de la mujer en la industria musical”.

‘Silent Shout’ es su tercer álbum y definitivamente uno de los booms electrónicos del año, junto al ‘Sexor’ de Tiga, el ‘The Warning’ de Hot Chip o el disco de Ellen Allien con Apparat.

Definen su música como “pop electrónico emocional”, aunque dadas las cuotas de siniestrismo que alcanzan, deberíamos aclarar que se parecen bastante más a Kraftwerk que a Astrud. Él, Olof, es fan del microhouse, del techno minimal y vive en Berlín. Ella, Karin, reconoce como una de sus principales influencias ‘Mulholland Drive’, y no sabemos si Shirley Manson, porque a menudo canta igual.

La producción del disco aúna synthpop, trance y house, aunque ‘Silent Shout’ funciona claramente mejor en conjunto que en cuanto a canciones sueltas. A destacar la misma ‘Silent Shout’, ‘Neverland’ y ‘Marble house’, en la que canta el compatriota Jay Jay Johanson.

Hasta 2011 dicen que no van a sacar otro disco, así que aún hay tiempo para que mucha más gente los descubra.

sábado, 2 de mayo de 2009

Bob Dylan - Highway 61 Revisited (1965)

Bob Dylan - Highway 61 RevisitedObra clave de Bob Dylan, una sucesión de magistrales canciones que reúnen textos prolijos en imaginería surrealista de tonos acerbos, alucinatorios y cetrinos.

La lírica se asienta en sonoridades que conjugan el folk-rock, el rockn'n'roll y el R&B, aportando a Dylan su apoyo instrumental importantes músicos como el guitarrista Michael Bloomfield o los teclistas Al Kooper y Paul Griffin. La producción corre a cargo de Bob Johnston a excepción de "Like a Rolling Stone", conocido tema que contó con la producción de Tom Wilson.

Al citado "Like a Rolling Stone", retrato femenino de degradación personal que define un supuesto perfil de Edie Sedgwick, se suman otros títulos de parecido planteamiento sónico como la soberbia "Ballad of a Thin Man", pieza de reflejos oníricos con pronunciada base de piano, "Queen Jane Approximately", otra historia de declive con personaje de mujer, y "Just like Tom Thumb's Blues", en donde se recoge tanto su herencia simbolista como sus deferencias a Poe, además de temas más cercanos al blues como "Tombstone blues", el medio tiempo "It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry", "From a Buick 6" y la homónima del disco, canción con referencias bíblicas en el principio de una odisea coral y existencial con ambiente de carretera.

El disco es uno de los principales muestrarios del talento literario de Dylan y de su sapiencia en recoger las tradiciones sonoras de su país, las cuales se vieron engrandecidas en recoger matices al electrificar sus propuestas folkies.

La extensa "Desolation Row", en la que regresa a la pureza folk de sus inicios reiterando sus complejas imaginerías, es la encargada de despedir este sobresaliente álbum, inmediata antesala de otra de sus obras maestras, Blonde on Blonde.

jueves, 30 de abril de 2009

Mogwai - Rock Action (2001)

Mogwai - Rock Action
Nunca un titulo ha sido tan acorde con la música que representa. Esta es una verdadera acción de rock, rock del mejor que he escuchado en mucho tiempo. Siempre con la base de guitarra, bajo y bateria, pero sabiendo aplicar la electronica de una manera magistral. Las canciones no dan respiro y se van encadenando creando una atmosfera especial.

Si su anterior disco Come on Die Young (99) pecaba de languidez y exceso de minutaje, en este consiguen su mejor trabajo hasta la fecha.

Abren con "Sine Wave" una descarga electrica sosegada sobre un organo de iglesia y a partir de ahi se enlazan la esplendida lánguidez de "Take me somewhere nice" con la voz de David Pajo, el piano y la voz de "O I Sleep", la gotica "Dial:Revenge" con guitarra acustica y la magnifica voz de Gruff Rhys de Super Furry Animals. "You don't know Jesus" supone la primera descarga electrica marca de la casa, "Robot Chant" sirve, durante el minuto escaso que dura, de puente perfecto para que aparezca la mejor canción que Mogwai ha creado, "2 Rights Make 1 Wrong" es un compendio de tormentosa tranquilidad de una belleza inaudita. Terminan con "Secret Pint" donde el piano y la acustica acompañan la timida voz de nuevo a Gruff Rhys.

A destacar la mágnifica producción de David Fridmann que consigue sacarle todo el partido a unas composiciones geniales y dotar al disco de una personalidad única.

En definitiva, Rock Action, a mi humilde entender, es el disco del 2001.

Una pista de por donde puede caminar el rock durante la próxima decada.

martes, 28 de abril de 2009

My Morning Jacket - Z (2005)

My Morning Jacket - Z
Los discos de My Morning Jacket están hechos de otra pasta. Por ejemplo, fijémonos en los primeros minutos de este “Z”, su último álbum. Un ritmo groovy y discreto, inédito en su discografía, sirve de colchón para la llegada de ese instrumento maravilloso que es la voz de Jim James, en esta ocasión despojada del habitual reverb . “Suceden tantas cosas en estos días/ olvídate del instinto, no te compensa” . El ritmo persiste, la emoción se acentúa y llegamos a lo que da título al corte en cuestión: “un estribillo sin palabras”. La voz de James estalla sin articular palabras, sólo un sonido que abraza lo inefable, y detrás de la suya otras hacen coros en el mismo registro, y el ritmo se acentúa cada vez que volvemos a este punto. Estremece oírle considerar cosas como “Olvídate del sentimiento, no te compensa/ Pero ya sabes que todo esto puede cambiar/ Recuerda la promesa que hiciste cuando eras un niño” . Pero, sobre todo, lo que estremece es intentar intuir que es aquello, literalmente inefable, que le ha llevado a crear una cumbre emotiva sin incluir palabras. Lo dicho, esta música, pese a ser rock, en realidad es otra cosa.

Desde que “It Still Moves” demostrara por sí mismo, con cosas como ésta, que todavía queda esperanza para aquellos que piensan que el rock puede intentar abrazar la verdadera grandeza si se apoya en una modesta sinceridad para dar grandes saltos, sin pretenciosidad, pero sin miedo también, han sucedido muchas cosas en el seno de la banda de Jim James. Johnny Quaid, guitarrista fundador, y el teclista Danny Cash han abandonado la formación, sustituidos por Cark Broemel y Bo Koster. Y por primera vez se han puesto en las manos de un productor profesional ajeno a la propia banda. Se trata de John Leckie, leyenda británica, vuelve a sus mejores logros, creando una producción detallista pero transparente, capaz de arrancar lo mejor del artista y a la vez llevarle a nuevos terrenos sin que se resientan las verdaderas esencias de su magia e identidad. Un triunfo que lograra con Stone Roses, Radiohead o The Verve, y que con My Morning Jacket nos trae sólo buenas noticias.

Más conciso que el desbordante “It Still Moves”, la duración de menos de 50 minutos puede hacer creer en una experiencia menos absorbente que las precedentes. No es así, pues existe una mano experta que edita lo que hay que editar, dejando crecer aquello que debe crecer. Cortes como el cuarto, “What a Wonderful Man”, creciendo en plena tormenta sureña de guitarras, recuerda a sus mejores trenzados eléctricos de antaño, pero a los dos minutos escasos abandona la escena. Sin embargo, “Lay Low”, que comienza húmeda y sensual como los mejores Little Feat, se expande en carrera, recordando sus míticos rituales de comunión rockera en directo. Como siempre se ha dicho, no existe el veneno, existe la dosis. Y My Morning Jacket cada vez la administran con mejor criterio.

Se perciben nuevos pulsos negroides, que además de alimentar la mentada “Wordless Chorus”, o el segundo corte “It Beats For You”, llegan a sugerir reggae en “Off The Record”, antes de un plácido interludio instrumental en la manida onda de finales de los sesenta que, sin embargo, triunfa plenamente. Las sorpresas continúan con la sensacional energía de “Anytime”, tal vez el corte más directo de su carrera, o el vals imposible de “Into The Woods”. Y el terreno más conocido encuentra dos nuevas cumbres en dos cortes excepcionales. Por un lado, “Knot Comes Loose”, una canción de amor como un templo en su honor, delicada y repleta de penetrante lucidez ( “Cariño, ¿no ves que estoy sonriendo?/ ¿Qué hay una parte de mí que es nueva y reluciente?/ Solía ser, era una parte de mí que quería esconder/ Y ahora surge/ En lo profundo de mi corazón/ Allí es donde el nudo se deshace/ En lo profundo de mi corazón/ Te recordaré” .) Por el otro, “Dondante”, que alcanza los visos de una espléndida elegía por un amigo, en el aguardado y expansivo, pero siempre agradecido, cierre a un disco de My Morning Jacket.

viernes, 24 de abril de 2009

Creedence Clearwater Revival - Willy & The Poor Boys (1969)

Creedence Clearwater Revival - Willy & The Poor BoysWilly & The Poor Boys es una rotunda obra maestra, una joya atemporal, un discazo de los que hacen época, uno de los mejores trabajos de los esenciales Creedence Clearwater Revival, banda capitaneada por el gran John Fogerty, el lúcido autor, tanto en textos como en música, de la mayoría del material grabado por el grupo de El Cerrito.

El disco contiene estupendas canciones de rock clásico, con aromas sureños y emocional ejecución, confluyendo en su composición herencias country, blues y folk, en las que la guitarra solista y la desgarrada voz de John están secundadas con maestría por la rítmica de su hermano Tom, la batería del fenomenal Doug Clifford y el bajo de Stu Cook.

Todos estos elementos son el fundamento de las combativas piezas que componen este LP, magistrales canciones que acometen principalmente temáticas de índole sociopolítico como "Down On The Corner", rítmica pieza rock con lucimiento para Stu al bajo y armonías en el contagioso estribillo, el animoso rock’n’roll "Don't Look Now (It Ain't You Or Me)", o "Fortunate Son", potente rock con esa inolvidable guitarra, la aspereza vocal de John y la fortaleza rítmica que aportan en conjunto, utilizando también un miramiento mordaz a los poderes fácticos tras un encuentro extraterrestre en "It Came Out Of The Sky", un rock’n’roll de primer orden que podría firmar el mejor Chuck Berry.

Aires folk y country se encuentran en la magnífica “Cotton Fields” (original del legendario bluesman Leadbelly), mientras que el poso bluesy desde la perspectiva pantanosa del grupo californiano se hace notar en la afligida y magistral "Feeling Blue", con una atmósfera hechizante en el desarrollo de tempo insinuante, en la instrumental “Poorboy Shuffle”, con John tocando la armónica, en la tradicional “The Midnight Special”, o en el extraordinario instrumental "Side O' The Road".

Una de las mejores piezas del álbum es la apocalíptica "Effigy", un hechizante y sensacional tema de folk-rock psicodélico que arremete, al igual que la gloriosa "Fortunate Son", contra la guerra del Vietnam, conflicto bélico que en el momento de la grabación de este LP estaba en uno de sus momentos más álgidos.

jueves, 16 de abril de 2009

Battles - Mirrored (2007)

Battles - Mirrored
La locomotora más roquera y alocada de este 2007 parte de Estados Unidos hacia Europa para lucir un potentísimo motor de la mano del batería John Stanier (perteneciente a Tomahawk y Helmet), una velocidad de vértigo a cargo de los guitarristas Ian Williams (Don Caballero y Store & Stress) y David Konopka (Lynx), y la dirección hacia lugares inhabitados del compositor Tyondai Braxton. Resulta llamativa la experiencia que demuestra el cuarteto cuando se pone a la carga en éste, su LP debut Mirrored (Warp, 2007), demostrando una precisión milimétrica a la hora de imponer un ritmo cargado de energía.

No es de extrañar que pasaran cuatro años recopilando canciones, dándoles forma, fondo y sentido, ya que, por mucho que parezcan un grupo al que le guste improvisar o hacer jams tanto en estudio como en directo, en realidad es todo lo contrario: el álbum se convierte en un ejercicio fríamente calculado desde el comienzo hasta el final. Atendiendo a las melodías (punto fuerte y un tanto novedoso de Battles), el adjetivo que mejor las identifica es, sin duda, marciano. Ya desde la inicial Race: innos encontramos con cierto aroma a aquel disparatado Frank Zappa del Hot rats (Rykodisk, 1969), así como en numerosas ocasiones aparece el guitarreo característico del virtuoso Robert Fripp. Pero que quede claro, aquí no hay paralelismos con ningún artista, filosofía o corriente; Mirrored tiene vida propia.

El rotundo single Atlas habla por sí solo: ritmo rotundo y constante durante siete minutos, sin pausas, sin contemplaciones. ¿Un ejercicio de krautrock? No se aleja demasiado del movimiento postulado por aquellas bandas alemanas de los 70, pero los Battles experimentan con patrones alocados, más allá del típico 4/4. Si a todo esto le añadimos las “voces” pasadas por el ordenador que aparecen en algunos de los temas, tendremos cierta idea del tipo de ejercicio rock que practican los creadores de Mirrored.

También hay hueco en el disco para momentos menos machacones, buscando paisajes nunca visitados, como demuestran Leyendecker o Bad trails. Pero sin duda cuando se desatan es cuando Battles mejor se defienden, y si no escuchen Rainbow: una melodía arpegiada va subiendo de volumen, añadiendo guitarras que explotan a su paso mientras la batería entra en una especie de estado epiléptico que dejará atónito a más de uno. O Tij, donde repiten un riff durante otros siete minutos, aportando poco a poco punteos y marchas frenéticos, hasta llegar al clímax de la canción de manera brillante para, poco a poco, ir desnudándola y volver al punto inicial. Como unos Tortoise con altas dosis de adrenalina, mediante su enfoque personal, fiero y cerebral, Battles nos muestran un futuro esperanzador e imaginativo para el rock del siglo XXI.