Pearly Gate Music - Pearly Gate Music (2010)
El trote acaba tomándolo el disco en el tercer corte, “Navy Blues”, a base de silbidos y barquitos que se alejan el día de tu boda, canción en la orilla del lago, intercambiando miradas cómplices con su hermano, que también le acompaña a los coros, coros que, por cierto, son especialmente importantes en temas como “Oh, What A Time!”, casi sonido sixties, pequeño homenaje a los siempre imprescindibles The Beach Boys en clave tipos con guitarra y batería y, a ratos (el corte que cierra, “Rejoice”, o la carta que nunca escribieron a mamá) con mandolina. Zach es un buen chico y suena como sonaría un buen chico, no tiene el talento de Ryan Adams pero tiene la libertad que aquel perdió por el camino. Así de libre, y en el sentido Adams (amable, tierno y, sí, desnudo, instrumentalmente hablando, por supuesto) suena en “Woke Up!” y “Gossamer Hair”.
Hacer lo que hace Tillman parece fácil pero no lo es. Sonar contundente y, sobre todo, diferente haciendo lo que muchos hacen (y algunos, como el citado Adams, mejor cuando no se rinde a los dictámenes de la multi de turno y sigue los consejos de Ethan Johns) no es fácil. Pero con canciones como “Daddy Wrote You Letters...” lo hace fácil. Curioso el parentesco entre su desnuda “I Was A River” y el clásico “Wishlist” de Pearl Jam (Vedder quería ser una bomba de neutrones y Tillman se conforma con convertirse en un coche y preguntarle a su chica si sabría dónde encontrarle, en el caso de que, después de todo, se convirtiera en un coche) y el rockabilly bastardo de “Bad Nostalgia”. Sí, Tillman (Zach) es el tipo que se esconde tras la máscara de búho en la portada del disco (apostado en el asiento trasero de una vieja ranchera) y el tipo que se ha atrevido a plantarle cara a su hermano con un álbum que, sin ir más lejos, supera a la última entrega del, por otro lado, prolífico Josh (“Year In The Kingdom”). Suena más fresco, aunque sí, menos hondo. En cualquier caso, bienvenido, Zach.
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